Hay momentos en la vida en los que uno sabe que algo no anda bien, pero no sabe cómo llamarlo. No es tristeza exactamente, ni miedo del todo, es una sensación más silenciosa, como una casa a oscuras donde uno camina con cuidado para no tropezar. Sabes que necesitas ayuda, pero no sabes a quién tocarle la puerta, y en ese vacío, muchas personas se quedan esperando. Esperando a que pase, esperando a ser fuertes, esperando sin saber por dónde empezar.
Ahí nace Hikari.
No como esa solución milagrosa ni como una promesa grandilocuente. Hikari nace como nacen las cosas importantes: desde una pregunta sencilla y honesta. ¿Cómo hacer más humano el primer contacto con la salud mental? ¿Cómo encender una luz cuando alguien está perdido, no para curarlo, sino para que pueda ver el camino?
Hikari significa “luz” en japonés. Pero para mí no es solo una palabra bonita, es un nombre que tiene historia, memoria y amor. Mi hermana se llamaba Luz Esperanza. Y aunque la vida la puso frente a una enfermedad dura, ella nunca se rindió, de hecho me enseñó a ser muy fuerte, sencillo y a querer a los demás aun cuando uno no tenga fuerza, vaya que si me ayudo y formo en mi algo nuevo. Siempre hablábamos de crear algo que ayudará a otras personas, algo que acompañara, algo que hiciera menos solitario el dolor. Soñamos con muchas ideas, incluso con modelos para acompañar a personas que recibían diagnósticos difíciles. Ella fue fuerte hasta el final, y esa fortaleza es la que hoy sostiene este proyecto.

Hikari es, en muchos sentidos, una forma de cumplir esa conversación pendiente, es llevar luz donde hay confusión. Esperanza donde hay cansancio, acompañamiento donde hay silencio, donde simplemente aceptas la realidad y entiendes que no vas a ser lo mismo para ti y para tu núcleo.
No es pretencioso, no nace como terapia compleja ni como diagnóstico clínico, no pretendemos decirte qué tienes ni cómo deberías sentirte. Hikari nace como una puerta de entrada, como ese primer paso que a veces es el más difícil. Saber que algo no está bien, reconocer ciertos comportamientos, y encontrar a alguien que pueda acompañarte sin juicios, sin frialdad, sin tecnicismos innecesarios.
Porque el problema no es que la gente no quiera ayuda, el problema es que no sabe a dónde ir. No entiende los tipos de terapia, no sabe qué significan tantas palabras raras, siente miedo, desconfianza, o carga con la idea equivocada de que la terapia es solo para “personas locas”. La salud mental se ha vuelto algo confusa, distante, casi burocrática, y cuando más humano debería ser, se siente frío.
Hikari nace para romper eso.

La idea es simple, pero profundamente necesaria: una plataforma que te reciba con lenguaje claro, que te oriente sin imponer, que te ayude a encontrar psicólogos y profesionales del bienestar según lo que necesitas, dónde estás y cómo te sientes más cómodo. Presencial, virtual, cercano, posible. No solo listar nombres, sino acompañar decisiones. No empujar, sino caminar al lado.
Este primer MVP empieza ahí, en lo esencial, en hacer más fácil encontrar a la persona correcta, más adelante, la idea es crecer, convertirse en app, sumar contenidos, procesos, acompañamientos más profundos, pero todo comienza con ese gesto pequeño y poderoso: encender una luz cuando alguien no sabe por dónde empezar.
Hikari no promete curar, pero promete no dejarte solo en la oscuridad.
Es una ayuda, un abrazo silencioso, una mano extendida.
Y, sobre todo, un recordatorio de que pedir ayuda no te hace débil. Te hace humano.